Aunque suene extraño, en varios países existen plantas especializadas en criar millones de moscas para proteger al ganado. Lejos de representar un riesgo, estos insectos forman parte de una estrategia científica que ha demostrado ser una de las más efectivas para combatir al gusano barrenador, una plaga que puede causar graves lesiones e incluso la muerte de animales de sangre caliente.
El gusano barrenador en realidad no es un gusano, sino la larva de una mosca. Cuando una hembra deposita sus huevos sobre una herida, nacen larvas que se alimentan del tejido vivo del animal, provocando infecciones que afectan principalmente al ganado.
Para detener ese ciclo, las llamadas plantas de producción de moscas estériles crían millones de machos bajo estrictas medidas de bioseguridad. Posteriormente, estos insectos son esterilizados mediante radiación, un proceso que elimina su capacidad de reproducirse sin afectar su comportamiento natural.


Una vez liberadas, las moscas macho se aparean con las hembras silvestres, pero al ser estériles no generan descendencia. Con el paso del tiempo nacen menos larvas y la población del gusano barrenador disminuye hasta poder ser controlada o incluso erradicada.
Esta técnica, conocida como Técnica del Insecto Estéril (TIE), se utiliza desde hace décadas en distintos países porque permite combatir la plaga sin recurrir al uso masivo de insecticidas y sin afectar a otras especies o al medio ambiente.
Actualmente, una de las principales plantas opera en Pacora, Panamá, desde donde se producen millones de moscas estériles para distintos países de la región. A este esfuerzo se suma ahora México, con la inauguración de una nueva planta en Metapa de Domínguez, Chiapas, resultado de la colaboración entre los gobiernos de México y Estados Unidos.
La nueva instalación producirá 100 millones de moscas estériles por semana, fortaleciendo la estrategia para proteger al ganado, reducir las pérdidas económicas de los productores y mantener la sanidad animal necesaria para la exportación.
JCSC

