En una ladera del cementerio La Esperanza, en Catia La Mar, estado La Guaira, las retroexcavadoras continúan abriendo nuevas fosas para recibir a las víctimas de los terremotos que devastaron Venezuela el pasado 24 de junio, una tragedia que ya deja 3 mil 535 personas fallecidas y más de 16 mil heridos.
Ante la magnitud del desastre, las autoridades habilitaron una extensa zona del camposanto para realizar sepulturas individuales de personas que permanecen sin identificar o cuyos familiares aún no han podido reclamarlas.
Cada tumba cuenta con una cruz blanca, piedras que delimitan el espacio y una placa con un código de identificación. Además, antes de la inhumación se realiza un registro fotográfico y documental de cada víctima, con el propósito de facilitar una futura identificación por parte de sus familiares.
Hasta ahora, más de 150 cuerpos sin identificar han sido enterrados bajo este protocolo, aunque autoridades locales informaron que el número total de inhumaciones supera las 250 personas y que el área preparada podría albergar hasta 2 mil ataúdes, con posibilidad de ampliarse si la emergencia continúa.

El movimiento en el cementerio es permanente. Ambulancias y camiones frigoríficos trasladan diariamente cuerpos recuperados entre los escombros desde morgues y centros temporales de resguardo hacia las nuevas sepulturas.
La necesidad de ampliar el espacio surgió después de que los servicios forenses y funerarios fueron rebasados por la cantidad de víctimas. Durante los primeros días posteriores a los sismos, cientos de cadáveres permanecieron en instalaciones improvisadas mientras se aceleraban las labores de identificación.
Los terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 provocaron el colapso de edificios en La Guaira, Caracas, Aragua y Falcón, donde continúan las labores de búsqueda encabezadas por rescatistas nacionales e internacionales.
Mientras los equipos de emergencia mantienen la esperanza de localizar sobrevivientes, el cementerio La Esperanza se ha convertido en uno de los símbolos más dolorosos de la emergencia que atraviesa Venezuela, donde miles de familias aún esperan noticias sobre el paradero de sus seres queridos.
Jenny Colorado
