África enfrenta uno de los brotes de ébola más severos de los últimos años, con más de mil personas fallecidas y miles de contagios confirmados, principalmente en la República Democrática del Congo (RDC), donde las autoridades reconocen que la transmisión continúa activa en varias regiones.
De acuerdo con los reportes oficiales, el Congo concentra casi la totalidad de los casos. Hasta el 22 de julio se contabilizaban 2 mil 473 contagios confirmados y 999 defunciones, mientras que la Organización Mundial de la Salud (OMS) elevó el balance regional a más de mil muertes al sumar los casos registrados en Uganda.
La emergencia sanitaria es provocada por la variante Bundibugyo del virus del ébola, para la cual actualmente no existe una vacuna ni un tratamiento específico aprobado, por lo que las autoridades han reforzado las labores de aislamiento de pacientes, rastreo de contactos y vigilancia epidemiológica.

Las provincias de Ituri y Kivu del Norte concentran la mayor parte de los contagios. Además, los especialistas alertan que más del 80% de las nuevas infecciones provienen de cadenas de transmisión desconocidas, complicando las tareas para contener el brote.
A este panorama se suman la resistencia de algunas comunidades a seguir los protocolos sanitarios para los entierros y diversos ataques contra personal médico e instalaciones de salud, factores que dificultan la respuesta de las autoridades.
La OMS mantiene la emergencia bajo vigilancia internacional junto con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, mientras expertos advierten que, sin mayor apoyo financiero y un fortalecimiento de la vigilancia sanitaria, este brote podría convertirse en uno de los más letales desde la epidemia registrada en África Occidental entre 2014 y 2016.
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JCSC
